Lo que Microsoft tiene preparado para Windows 11 va a cambiar bastante más de lo que creíamos el SO de los de Redmond. Y no, no hablamos de un rediseño estético ni de nuevas funciones llamativas que apenas sirven para nada. Microsoft ha decidido meter mano donde realmente hacía falta: el rendimiento cuando el Windows 11 está hasta arriba, buscando consumir menos RAM, responder mejor en juegos y aplicaciones y, sobre todo, evitar esa sensación de que todo va pesado cuando abres demasiadas cosas.
La clave de todo esto está en cómo Windows gestiona sus propios recursos, porque aquí es donde empieza realmente el problema y donde Microsoft ha decidido actuar. Dicen que más vale tarde que nunca, pues veamos a qué llaman los de Redmond “tarde”, y “nunca”.
Windows 11 siempre ha tenido una asignatura pendiente bastante evidente: el uso de memoria y la gestión de procesos en segundo plano. Ahora, tras cientos de críticas y ver cómo la compañía va cayendo en bolsa, Microsoft ha ajustado su SO para, según vimos ayer mismo, priorizar de forma mucho más inteligente las aplicaciones que estás usando en primer plano, mientras reduce el consumo de recursos de todo lo que queda detrás.
Esto significa que, aunque tengas muchas apps abiertas, el sistema va a centrarse en lo importante y dejar de malgastar CPU y RAM en tareas que no necesitas en ese momento. A esto se suma una optimización directa del consumo de memoria, ya que Windows ahora libera recursos de forma más agresiva cuando detecta que no se están utilizando, lo que reduce la cantidad usada de RAM por Windows 11.
Esto es especialmente importante en equipos con 8 GB o 16 GB de RAM, donde Windows 11 solía ir bastante más justo de lo deseable. Menos RAM ocupada significa más margen real para juegos, navegadores o cualquier software pesado, y eso en plena crisis de la memoria muchos lo van a agradecer.
Otro punto clave está en la mejora de la respuesta del SO bajo carga, cuando le exigimos de verdad. Según se informa, Microsoft ha tocado el planificador de tareas para reducir la latencia cuando la CPU y la RAM están cerca del límite. Traducido al mundo real, esto se nota en menos tirones, menos stuttering y una sensación de mayor fluidez cuando estás jugando, renderizando o simplemente haciendo multitarea con algo pesado.
Y aquí entra el cuarto punto, que, aunque suene más abstracto, es probablemente el más importante: la sensación general de rapidez. No estamos hablando de más FPS ni de un aumento bruto de rendimiento, sino de algo más perceptible en el día a día, es decir, algo tan simple como menos bloqueos, menos tiempos muertos esperando a que abra el software o juego de turno y una interfaz que responde mejor incluso cuando el sistema está al límite.
Al final, esto no deja de ser Microsoft corrigiendo uno de los grandes problemas de Windows 11 desde su lanzamiento, que curiosamente, los usuarios se lo hemos pedido durante años. Con el peso creciente de las aplicaciones, la multitarea constante y todo lo que está llegando con la Inteligencia Artificial, optimizar el uso de recursos ya no es opcional.
En definitiva, Windows 11 consumirá menos RAM, tendrá menos latencia, responderá mejor y será más fluido, o lo que es igual, ser lo que debería haber sido desde que llegó al mercado. Veremos si Microsoft cumple y esos cambios son notorios.
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