Si estamos en la búsqueda de un nuevo ratón para jugar a videojuegos, vamos a toparnos con cientos de modelos de distintas marcas. Muchos de estos serán similares y una de las características que más verás serán los DPI. Si no sabes mucho sobre ratones, asumirás que cuanto más alta es la cifra de DPI, mejor será. Sin embargo, esto es un error, pues como ya sabrás, no es necesario algo como 20.000 DPI para poder tener precisión en juegos. Justo estos ratones gaming que son mucho más rápidos son los más vulnerables a ser potenciales espías que reconocen y escuchan tu voz, según un experimento realizado bajo el nombre de Mic-E-Mouse que confirma esto.
Los ratones han mantenido su funcionalidad durante décadas, pero su diseño y prestaciones han ido cambiando con el tiempo. Si llevas ya muchos años en el mundo de la informática quizá te acuerdes de cuando existían los "ratones de bola" o esos primeros ratones láser que apenas tenían precisión y no funcionaban en todas las superficies. Ahora, un ratón es capaz de funcionar en prácticamente todo lo que sea superficie plana, tiene una precisión muy superior, una gran velocidad y además, pueden ser muy ligeros.
Cuando nos compramos un ratón de 20.000 DPI, 25.600 DPI o incluso más, aquí lo que hacemos no es tener una mayor precisión, sino más bien una mayor sensibilidad. Esto implica que todo el marketing que hay detrás de los DPI es mayormente falso en caso de que veas que una cifra mayor es mejor para videojuegos y programas. De hecho, si tienes un ratón de estos, puedes probar a subir los DPI y verás como es prácticamente incontrolable. De hecho, los jugadores profesionales suelen recomendar 1.600 DPI normalmente, aunque puedes bajar a 800 DPI si lo prefieres o subir a 3.200 DPI. Normalmente el rango está ahí, por lo que ya sabes a la próxima si quieres un ratón.
De hecho, otro motivo por el que no te conviene comprar uno de estos ratones gaming con decenas de miles de DPI es por el hecho de que unos investigadores de la Universidad de Irvine, California, han demostrado que los sensores de estos pueden detectar vibraciones y estas se convierten en audio. Su proyecto Mic-E-Mouse, muestra como uno de estos ratones puede convertirse en un espía a modo de micrófono invisible y que pasaría totalmente desapercibido en caso de sospecha.
Nadie esperaría que las vibraciones que ocurren al mover un mouse se puedan convertir en audio, pero al parecer, los ratones con una alta sensibilidad (20.000 DPI o más) son capaces de captar un gran número de vibraciones, por mínimas que sean. Si se utiliza un software capaz de analizar y extraer estos datos, estos se pueden pasar a un programa de procesamiento de señales de audio digital, usar un filtro Wiener que elimina el ruido y enfatiza el resto de frecuencias.
Una vez se ha filtrado, se pasa por un modelo de red neuronal que reconstruye el sonido y tiene entre un 42 a un 61% de éxito en conseguir reconocer la voz. Básicamente, esto implica que si un atacante quiere espiar a otra persona, puede limitarse a usar su ratón gaming sin necesidad de instalar malware siempre y cuando exista un software capaz de analizar y exportar estos datos.
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