Lo que acaba de pasar, en tres frentes, a tres bandas, se puede considerar un seísmo en la Inteligencia Artificial, donde cada uno tendrá que valorar su intensidad. En pocos días se han alineado tres movimientos que, juntos, explican mejor que ningún titular cómo está cambiando el equilibrio de poder en el sector, a saber. OpenAI reconoce internamente que no está satisfecha con parte del stack de NVIDIA con Vera Rubin y busca alternativas, Jensen Huang frena en seco el relato de una inversión de 100.000 millones en la compañía, que ahora dice que nunca existió y Oracle reacciona de forma preventiva a todo este entuerto para proteger su posición. Por primera vez, los cimientos de la IA y su hipotética burbuja se han movido, pero veamos todo en detalle, porque hay “tema”.
La narrativa dominante durante los últimos 2 años se basaba en una idea simple. NVIDIA ponía el hardware, OpenAI ponía los modelos y el dinero fluía sin fricción entre el resto de empresas para crear la infraestructura de la IA. Visto lo visto, ese marco empieza a romperse, o al menos, dado el seísmo, empieza a presentar grietas.
Según información publicada por Reuters, OpenAI está evaluando alternativas a las soluciones de NVIDIA ante problemas de coste, eficiencia energética y dependencia a largo plazo, y claro, Vera Rubin se está cayendo de esos planes por los tres factores descritos.
No hablamos de una ruptura inmediata, porque no lo parece, ni siquiera podría ser en la primera mitad del año, ni de un abandono del proveedor dominante como es NVIDIA, sino de algo más relevante y crucial. Y esto es, precisamente, la voluntad explícita de no quedar atados a un único actor en el corazón del cómputo, es decir, no ligarse en el futuro a los verdes como proveedor exclusivo, y menos con la escasez que hay.
Aquí entra en juego el segundo frente, porque vista la jugada de OpenAI, el famoso acuerdo de los 100.000 millones ha vuelto a la palestra. Jensen Huang se ha visto obligado a corregir, públicamente, además, a varios periodistas que han insistido en atribuir a NVIDIA un compromiso de inversión por esos 100.000 millones de dólares en OpenAI.
Huang es claro y reiterativo, contestó, un poco molesto, a los periodistas diciendo:
"Nunca dijimos que invertiríamos 100 mil millones de dólares en una sola ronda. Nunca hubo un compromiso. Nos invitaron a invertir hasta 100 mil millones de dólares. Invertiremos poco a poco". Los periodistas insistieron, y les respondió otra vez diciendo: “Te lo acabo de decir. Sigues poniendo palabras en mi boca. Nos invitaron a invertir HASTA 100 mil millones de dólares. Nos honra que nos hayan invitado y consideraremos cada ronda por separado".
Sin duda, ese “hasta” puede cambiarlo todo, porque entonces el margen va desde cero hasta 100.000 millones, casi nada, calderilla para NVIDIA, pensarán algunos.
The NVIDIA-OpenAI deal has zero impact on our financial relationship with OpenAI. We remain highly confident in OpenAI’s ability to raise funds and meet its commitments.
— Oracle (@Oracle) February 2, 2026
Mientras tanto, Oracle entra en escena sin que nadie la llame. Su mensaje público asegura que cualquier acuerdo entre NVIDIA y OpenAI no afecta a su relación financiera con OpenAI, diciendo públicamente en X lo siguiente:
El acuerdo entre NVIDIA y OpenAI no tiene ningún impacto en nuestra relación financiera con OpenAI. Mantenemos una gran confianza en la capacidad de OpenAI para recaudar fondos y cumplir sus compromisos.
El problema es precisamente ese. Nadie había puesto en duda ese punto, nadie había preguntado, las acciones no habían sufrido corrección alguna. Cuando una compañía siente la necesidad de aclarar algo que no estaba en discusión, lo que transmite no es tranquilidad, sino inquietud. Oracle es proveedor clave de infraestructura cloud para OpenAI y sabe que cualquier cambio en el tipo de hardware, aceleradores o arquitectura afecta directamente a su peso dentro del stack.
El fondo del asunto es más amplio realmente, y vamos a analizarlo de manera simple y breve para no ser un “coñazo supino” dada la complejidad del asunto.
La Inteligencia Artificial entra en una etapa donde el coste por token, el consumo eléctrico y la soberanía tecnológica pesan más que el simple acceso a GPU o a la arquitectura de turno dominante.
OpenAI quiere margen de maniobra. NVIDIA quiere vender hardware sin quedar atrapada en compromisos financieros desmesurados. Oracle quiere seguir siendo relevante en un entorno donde el silicio empieza a dictar más que el cloud, y sin que eso recaiga en una crisis inmediata, está mostrando las brechas en los cimientos de es economía circular de la IA en la que se fundamenta la hipotética burbuja de la IA.
De hecho, es el inicio de una renegociación silenciosa del poder en la IA. Y claro, cuando todos quieren depender menos del otro, ¿quién acaba mandando realmente? ¿Quién va a pinchar la burbuja cuando están poniendo el parche antes de que se cree el agujero? Lo que se está demostrando es que la solidez no es tal, y que, en el fondo, todos saben que los cimientos no son tierra firme, es fango.
En el momento en el que caiga un pilar, no es que se tumbe un edificio, es que parece caer la ciudad entera. Falta saber quién es el primero que morderá el polvo.
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