La inteligencia artificial mejoró la ciberseguridad, pero también hizo que los ciberdelincuentes contaran con herramientas más sofisticadas para hacer el mal. En un escenario donde las estafas, las suplantaciones de identidad y las páginas clonadas son el pan de cada día, es donde los "hackers éticos" se hacen imprescindibles. En este artículo, un vistazo al mundo de los "white hat hackers".
La dependencia de la tecnología en la vida en 2025 es evidente. Desde mirar TV con dispositivos smart hasta acceder a juegos de casino con RTP alto desde un dispositivo móvil, pasando por aplicaciones de mensajería y plataformas en la nube.
Esta omnipresencia de lo digital ha hecho que los riesgos de seguridad sean cada vez más notorios. Un error en el software puede paralizar la operativa de los aeropuertos y una filtración de seguridad de un organismo puede poner en riesgo las cuentas bancarias de millones de personas.
Por todo lo anterior, las empresas ya no consideran que la ciberseguridad sea un gasto sino una forma de blindar su reputación y sus activos. De hecho, la escasez de profesionales capacitados ha disparado la demanda de estos perfiles, como veremos a continuación.
Las herramientas en base a IA nacieron con la promesa de mejorar la productividad, pero rápidamente fueron adaptadas por ciberdelincuentes.
La propia Anthropic, responsable de Claude y principal rival de OpenAI, ha reconocido que su tecnología ya está siendo usada por criminales. Los hackers "no éticos" utilizan estos chatbots no solo para planificar estafas, sino para llevar a cabo campañas completas de ransomware y extorsión, un fenómeno que algunos expertos denominan vibe hacking.
También se han multiplicado las estafas, dado que la IA también aporta un componente psicológico, gracias a su capacidad de imitar conversaciones humanas. Así, los ciberdelincuentes han encontrado una aliada perfecta, capaz de ejecutar operaciones de principio a fin sin levantar sospechas.
El papel de los hackers éticos (también conocidos como white hat hackers) se ha vuelto más importante en los últimos años debido a la multiplicación de los casos de hackeos y ataques cibernéticos realizados con inteligencia artificial.
Si antes eran figuras marginales, hoy son reconocidos como guardianes del ciberespacio y todo tipo de empresas, gobiernos y proyectos de blockchain confían en ellos para detectar vulnerabilidades que podrían costar millones.
En el ecosistema Web3 y DeFi (finanzas descentralizadas), su rol es todavía más crítico y por ese motivo las las plataformas pagan millones en recompensas a quienes encuentren brechas en sus sistemas. En algunos casos, estos pagos han superado los 10 millones de dólares por un solo hallazgo.
En España, estos profesionales en nómina pueden cobrar hasta 90.000 euros anuales para puestos seniors, en una horquilla que comienza en los 19.000 euros, de acuerdo a Glassdoor.
Lejos de la imagen cinematográfica del tipo solitario en una habitación oscura, el perfil del hacker ético es mucho más técnico y estructurado. Se trata de profesionales con una sólida formación en informática, redes y sistemas operativos como Linux o Windows, capaces de analizar distintos tipos de softwares en busca de fallos críticos.
En el entorno Web3, estos perfiles requieren además conocimientos en blockchain, contratos inteligentes y dApps (aplicaciones descentralizadas). Para normalizar este sector tan nuevo están surgiendo certificaciones específicas, como Certified Web3 Hacker (CW3H), que acreditan habilidades en exploits y protocolos de seguridad blockchain.
Los hackers éticos también necesitan una mentalidad analítica, curiosidad constante y ética profesional. Su misión no es explotar las vulnerabilidades ni las brechas, sino reportarlas para que las empresas refuercen sus sistemas.
Una de las principales vías de ingresos para los hackers éticos son los programas de bug bounty, donde las empresas pagan recompensas a quienes encuentren grietas en sus sistemas.
Estos pagos suelen hacerse en criptomonedas y pueden alcanzar hasta el 10% del valor total bloqueado en los protocolos afectados.
No obstante, los expertos advierten que depender exclusivamente de estos programas puede generar una falsa sensación de seguridad, ya que las recompensas ayudan a descubrir errores puntuales, pero no sustituyen auditorías completas ni un monitoreo continuo.
Los "white hat hackers" pueden sonar como algo nuevo, pero lo que hacen es trabajar sobre la ciberseguridad de las empresas. La IA ha planteado nuevos desafíos y es lógico que las empresas deban reforzar sus sistemas para soportar los cambios.
En definitiva, el futuro apunta a una convivencia inevitable, las mismas tecnologías avanzadas serán usadas tanto para atacar como para proteger.
En ese equilibrio, los hackers éticos serán los protagonistas, encargados de cerrar las brechas de un mundo que ya se mueve al ritmo de los datos y las criptomonedas. En ese panorama, está claro que la remuneración es y será acorde a su especialización y al nivel de seguridad que provean.
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