NVIDIA se encuentra en una situación estratégica muy complicada en plena carrera global por la Inteligencia Artificial. La compañía domina con claridad el mercado de GPU de IA para centros de datos, eso es indudable en estos momentos, pero la escalada geopolítica entre EE.UU. y China está empezando a colocar a la empresa en una posición incómoda. Cualquier decisión que tome puede perjudicarla, pero, ¿cómo es eso posible? El problema gira alrededor de sus GPU para IA más avanzadas para China, las NVIDIA H200, que se han convertido en el nuevo punto de fricción entre Washington y Pekín hasta el punto de llegar a un Catch-22, según informa Financial Times.
La situación recuerda mucho al concepto descrito (Catch-22) donde se contempla un escenario en el que cualquier movimiento tiene consecuencias negativas para el que lo ejecuta. Y precisamente ese dilema es el que empieza a rodear el negocio global de NVIDIA.
El origen del problema está en las restricciones tecnológicas impuestas por Trump para limitar el acceso de China a cualquier hardware, es decir, sea acelerador o GPU, capaz de entrenar modelos avanzados (LLM) de Inteligencia Artificial. NVIDIA, como AMD e Intel, tienen que cumplir una serie de requisitos, los cuales ya hemos tratado en el pasado, pero, sin embargo, las nuevas propuestas que prepara el gobierno estadounidense van un paso más allá y plantean un sistema global de licencias que permitiría bloquear ventas de hardware de IA prácticamente en cualquier país.
Esto coloca a NVIDIA en una posición muy delicada, tremendamente compleja. Si decide vender sus GPU más avanzadas para dicho mercado, como las H200, a clientes chinos o a intermediarios que puedan acabar abasteciendo ese mercado, corre el riesgo de enfrentarse a nuevas restricciones o sanciones por parte de EE.UU.
Pero si decide cortar completamente ese suministro, la compañía podría perder uno de los mayores mercados de Inteligencia Artificial del planeta justo en el momento en el que la demanda de capacidad de cómputo para IA está creciendo de forma explosiva. ¿Qué han decidido entonces?
Ante ese escenario, casi sin salida, NVIDIA ha hecho lo más inteligente: redirigir parte de la producción prevista para las H200 hacia su próxima generación de GPU, es decir, Vera Rubin. Desde un punto de vista de la compañía tiene todo el sentido del mundo: si vender H200 a ciertos clientes se vuelve políticamente complicado o directamente imposible, lo más eficiente es reasignar esa capacidad de fabricación para acelerar la llegada de la siguiente plataforma de IA, que será clave para mantener el liderazgo frente a AMD y los desarrollos chinos.
Sin embargo, esta maniobra refleja perfectamente el Catch-22 en el que se encuentra la compañía. Si NVIDIA intenta seguir abasteciendo el mercado chino con hardware avanzado se expone a nuevas restricciones de Washington, pero si deja de hacerlo empuja a China y sus empresas a desarrollar y empujar alternativas propias mientras reconfigura su propia hoja de ruta, que es lo que están haciendo. El problema es que, según se rumorea, el parón en la producción ha dejado a más de 200.000 GPU para la H200 fabricadas, así que tendrán que vendérselas a otras empresas y países, que seguramente, paguen con descuento dadas las capacidades recortadas que tienen.
De 2 millones de GPU que pedía China a ninguna, dejando más de 200.000 fabricadas. Ese es el resultado del tira y afloja de dos titanes mundiales con una empresa líder del sector de por medio. Ahora parece que Huang ha cogido el toro por los cuernos y decide dejar el mercado chino para no verse otra vez, con NVIDIA, en medio de un Catch-22. Trump gana, China gana, NVIDIA pierde, no en GPU o fabricación, sino en tiempo, que es el recurso más valioso.
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