Microsoft ya no esconde el cambio de modelo: Windows 11 25H2 no introduce una base nueva, no es una nueva versión del SO, no tiene un kernel distinto, ni una arquitectura revisada. Es el mismo Sistema Operativo que Windows 11 24H2, con la diferencia de que en esta nueva “versión” se activan funciones que ya estaban dentro desde su llegada, pero permanecían deshabilitadas, ocultas. No hablamos de una evolución clásica como acostumbró Microsoft durante décadas, sino de un SO que se construye poco a poco y se “desbloquea” por fases.
Tranquilo si no entiendes de qué estamos hablando en concreto, porque la noticia ha pillado a más de uno descolocado. Lo que hay que entender de entrada es que los de Redmond entregan todas las mejoras desde el principio, pero simplemente las ocultan, como el famoso driver nativo para los SSD NVMe.
El propio historial oficial de actualizaciones de Microsoft lo deja ver sin necesidad de interpretación, es totalmente oficial. Con Windows 11 24H2, la compañía habla de innovación continua, es decir, cambios que se introducen progresivamente mediante actualizaciones acumulativas. En 25H2, el enfoque es idéntico, pero con esas funciones ya activas por defecto, lo que confirma que ambas versiones comparten exactamente la misma base. Es decir, Windows 25H2 es realmente un 24H2 con funciones ocultas, y ya.
Esto implica que durante meses, incluso más de un año, los usuarios de 24H2 han estado utilizando un SO que ya contenía casi todas las partes de 25H2 en su interior. No visibles, no accesibles, pero sí presentes. El salto de versión no añade realmente código nuevo relevante, sino que modifica estados internos del sistema para habilitar lo que antes estaba desactivado. Microsoft simplemente activa las funciones con parches mínimos, y nada más.
Aquí es donde encaja el concepto de enablement package. No estamos ante una actualización pesada, sino ante un paquete ligero que cambia flags dentro del sistema. Por eso la instalación es rápida, requiere un único reinicio y no altera el comportamiento base del SO en términos de drivers, compatibilidad o rendimiento general. Básicamente porque no puede, no hay nada diferente en su core.
A nivel técnico, esto tiene varias implicaciones, porque primero, elimina prácticamente cualquier riesgo de incompatibilidad grave entre versiones, ya que todo se ha ido integrando previamente en 24H2. Segundo, permite a Microsoft probar funciones en segundo plano antes de activarlas de forma masiva (volvemos al tema del driver NVMe nativo). Y tercero, reduce el coste de mantenimiento, ya que todas las máquinas comparten la misma base de código.
El modelo también redefine lo que entendemos por “versión” de Windows, lo que antiguamente eran los llamados Service Packs famosos. Ya no son bloques cerrados con cambios diferenciados, sino puntos de activación dentro de un sistema vivo. El número de versión pasa a ser más una referencia administrativa que tecnológica, lo cual implica que no hay mejoras de rendimiento, que todo es una farsa, que de 24H2 a 25H2 no puede haber mejor rendimiento, más FPS, o menos stuttering, o cualquier cambio a mejor o peor, es imposible.
El resultado es un Windows que evoluciona sin saltos visibles, pero con un control mucho mayor por parte de Microsoft sobre cuándo y cómo aparecen las novedades. Comentado todo, lo que acabamos de saber con Windows 11 24H2 con funciones ocultas para hacerlo finalmente con 25H2 implica que 26H2 podría ser más de lo mismo.
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