Microsoft vuelve a poner sobre la mesa uno de los temas más polémicos de Windows 11: la obligación de iniciar sesión con una cuenta online durante la instalación de su SO. Tras años de críticas por parte de usuarios y profesionales, dentro de la propia compañía empiezan a surgir dudas sobre si esta decisión sigue teniendo sentido en 2026. No hay anuncio oficial, pero sí señales claras desde dentro de la compañía de que el debate está abierto, y con ello, la posibilidad y esperanza de que esto termine.
Todo parte de una respuesta pública de Scott Hanselman, vicepresidente de Microsoft, que dejó caer que este requisito no gusta ni siquiera dentro de la empresa, algo que han tardado en admitir años. Y cuando alguien de ese nivel reconoce algo así en abierto, es porque la discusión ya está encima de la mesa, impulsada, cómo no, por las amplias críticas.
El contexto es importante, porque esta obligación no nació por motivos técnicos, sino estratégicos de la compañía, impulsados por dos motivos: críticas de los usuarios y pérdidas en bolsa. Microsoft quiere que todo usuario entre desde el minuto uno en su ecosistema, vinculando el sistema a servicios como OneDrive, Microsoft 365 o la sincronización de ajustes en la nube.
Esto le permite ofrecer una experiencia más integrada, sí, pero también asegurar retención, datos y potencial de monetización desde el primer arranque, y eso no gusta.
El problema es que esa decisión choca directamente con una parte importante de los usuarios, que siguen prefiriendo un entorno menos controlado, sin dependencias externas y con mayor privacidad. La cuenta local, la de toda la vida, ha ido desapareciendo poco a poco del flujo de instalación, hasta el punto de quedar escondida o directamente bloqueada en configuraciones estándar. Y eso ha generado un rechazo constante desde el lanzamiento de Windows 11, otro más, de todo lo que no gusta en Microsoft.
A día de hoy, evitar la cuenta online es posible, pero no es algo que Microsoft ponga fácil. Hay que recurrir a métodos alternativos, desconectar internet en momentos clave o usar comandos específicos, algo que claramente no está pensado para el usuario medio. Y aquí está el punto clave: técnicamente no hay ninguna limitación real, es una decisión completamente intencionada.
Por eso este posible cambio no sería un ajuste cualquiera, menor o irrelevante, sino un giro en la estrategia. Si Microsoft termina permitiendo de nuevo crear una cuenta local sin trabas durante la instalación, estaría reconociendo implícitamente que ha forzado demasiado la máquina en estos años. Igualmente, vistas las ventas en PC y portátiles, visto el empuje de SteamOS y Apple, los fabricantes y socios tienen que hacer presión para que los de Redmond sigan la directriz que les marcamos. No en vano, la IA está reduciéndose, y eso es una buena noticia.
Ahora bien, conviene bajar las expectativas, no todo va a ser “orgasmo”. No hay confirmación oficial ni fechas, y dentro de Microsoft también hay intereses claros en mantener este modelo. Lo más probable es que, si se mueve algo, sea de forma gradual, quizá ofreciendo más opciones sin eliminar del todo la presión hacia la cuenta online.
La cuestión es sencilla: ¿estamos ante un cambio real o simplemente ante un intento de calmar las críticas sin tocar lo importante? Ahí es donde estará la clave en los próximos meses, pero si lo hacen, si logran eliminar la cuenta online en Windows 11, estaremos ante una confirmación de ese giro de tendencia.
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