Las televisiones europeas, las tradicionales de toda la vida, han abierto un nuevo frente contra Big Tech en pleno endurecimiento regulatorio de la UE. Los grandes grupos de broadcasting consideran que los SO, los Sistemas Operativos de Smart TV, ya actúan como plataformas dominantes capaces de decidir qué contenido ve el usuario, cómo lo descubre y dentro de qué ecosistema se mantiene. La petición es directa por su parte: incluir estos SO y TV dentro del alcance de la Digital Markets Act (DMA), la ley diseñada para limitar el poder de los gatekeepers digitales.
El movimiento de las TV desplaza el foco desde el móvil y el navegador de PC hacia el salón, donde el consumo audiovisual sigue concentrando audiencias masivas. La pregunta es evidente: ¿puede una Smart TV convertirse en un nuevo punto de control del mercado digital? Pues según parece, sí, y nadie quiere dejarlo sin “acotar”.
Los grupos europeos, agrupados en la ACT, señalan a los principales actores del mercado: Google (Android TV), Amazon (Fire TV), Apple y Samsung (Tizen). Los datos que manejan son bastante claros, con Tizen en torno al 24% de cuota, Android TV cerca del 23% y Fire OS alrededor del 12%, lo que deja como algo evidente que el control está concentrado en pocos operadores. No hablamos de hardware, hablamos de Sistemas Operativos que gestionan interfaz, recomendaciones y acceso a aplicaciones para nosotros, así que ejercen su “influencia”.
El núcleo del conflicto es técnico y estratégico a la vez, y podría cambiar el rumbo de este dispositivo, el cual domina los salones de más de 700 millones de personas. Estas plataformas deciden qué aplicaciones aparecen primero, cómo se prioriza el contenido y qué rutas de navegación existen entre servicios.
Esto implica que pueden favorecer sus propios servicios o limitar la visibilidad de terceros, algo que encaja directamente con la definición de “gatekeeper” que la DMA intenta regular. El argumento de los broadcasters es que, si controlas la interfaz, controlas la distribución, y por tanto, la TV inteligente tiene que ser sometida a la DMA, como el resto.
Pero el punto más delicado no está en la pantalla, sino en la voz. Los asistentes como Alexa o Siri, junto a los nuevos sistemas basados en Inteligencia Artificial, todavía no están cubiertos por la DMA. Esto introduce un nuevo vector de control: el acceso por comandos de voz. Si el usuario pide contenido y el sistema decide qué servicio responde, el intermediario deja de ser visible, pero gana poder.
Aquí aparece el concepto clave que plantea la industria: un vacío regulatorio. Los broadcasters advierten que estos asistentes operan en múltiples dispositivos (televisión, móvil, coche, entre otros), lo que amplifica su capacidad de influencia sin un marco legal equivalente al de otras plataformas digitales.
La petición va más allá de aplicar la normativa existente, ya que reclaman que la Comisión Europea utilice criterios cualitativos para designar gatekeepers, evitando que ciertas plataformas queden fuera por no cumplir estrictamente los umbrales actuales de 45 millones de usuarios o 75.000 millones de euros de valoración.
La Comisión Europea está evaluando esta solicitud sin decisión tomada. Sin embargo, el mensaje es claro: el control del acceso al contenido ya no está solo en el software tradicional, y el siguiente campo de batalla regulatorio podría estar, literalmente, delante del sofá.
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