China advirtió en el día de ayer, 7 de mayo, que el mundo se enfrenta a una nueva crisis global de suministro de semiconductores por la escalada del conflicto entre Nexperia, con sede en Países Bajos, y su filial china. El detonante inmediato ha sido la acusación de la parte china de que la sede neerlandesa desactivó las cuentas y el acceso interno de empleados en China. Esto fue interpretado por Pekín como una interferencia grave en la operativa de la empresa. El Ministerio de Comercio chino elevó el tono y dijo que, si esto vuelve a romper la cadena global de suministro, la responsabilidad recaería sobre Países Bajos.
La disputa lleva meses abierta y mezcla intereses empresariales, geopolíticos, y de control industrial. Para tener un contexto, fue en septiembre de 2025, cuando el Gobierno neerlandés intervino Nexperia. Para ello alegó riesgos de transferencia de tecnología y de pérdida de capacidades estratégicas hacia su matriz china, Wingtech. Poco después, un tribunal neerlandés suspendió al fundador de Wingtech, Zhang Xuezheng, y transfirió temporalmente los derechos de voto de las acciones a un administrador designado por la justicia. Aunque la intervención estatal neerlandesa se relajó después, el conflicto de control corporativo sigue vivo por la vía judicial.
Si bien Nexperia fabrica chips relativamente sencillos, hay que destacar que se tratan de chips esenciales y que se producen a granel, sobre todo para automoción. Estos semiconductores son esenciales para dar vida a numerosos sistemas electrónicos cotidianos de todos los coches que se fabrican a día de hoy. Y es que se usan para cubrir desde funciones de potencia hasta subsistemas como los frenos o elevalunas. El gran cuello de botella está en que una parte muy relevante de su cadena dependía de China. Para ser exactos, en torno al 70% de los chips producidos en Europa por Nexperia se enviaban a China para su encapsulado y distribución, especialmente a la planta de Dongguan, en la provincia de Guangdong.
Ese detalle explica por qué el problema corporativo acabó golpeando a la industria de la automoción. Cuando China bloqueó en octubre de 2025 la exportación de chips de Nexperia fabricados o encapsulados en su territorio como respuesta a la crisis de control, la onda expansiva llegó a fabricantes y proveedores internacionales. Esto afectó duramente a la industria de la automoción en Europa, con recortes de producción y dificultades en proveedores europeos de gran relevancia como Bosch. El resto de compañías del sector tuvieron que buscar alternativas con urgencia.
Tras ello, la filial china declaró su independencia operativa en octubre de 2025 y comenzó a construir su propia cadena de suministro. En diciembre, esa unidad china ya se había asegurado el suministro local de obleas de silicio para cubrir toda su producción de 2026 de ciertos chips IGBT. Estos son utilizados en vehículos eléctricos y equipos industriales. Al mismo tiempo, la Nexperia controlada desde Europa trabaja en reforzar capacidad fuera de China, incluyendo una expansión en Malasia para dar servicio a clientes no chinos. Todo ello apunta a una separación industrial cada vez más profunda entre el “Nexperia europeo” y el “Nexperia chino”, aunque legalmente la batalla siga abierta.
En esencia, la Nexperia china, podía encapsular, probar y distribuir chips en Dongguan, pero una parte clave del flujo venía de Europa. Y es que la Nexperia europea fabricaba las obleas y buena parte del proceso “front-end”. La Nexperia europea es la encargada de fabricar obleas en Europa y enviarlas Dongguan. Una vez allí, se cortan, encapsulan y terminan.
La crisis no terminó con el bloqueo chino de las exportaciones. Después de que China bloqueara las exportaciones desde su territorio, la parte europea dejó de enviar obleas a Dongguan. Ahí el problema ya no era solo exportar o no exportar, sino que la filial china empezaba a quedarse sin materia prima. Sin esta materia, las obleas, no seguir fabricando con normalidad. Cuando el stock de obleas comenzó a ser una preocupación, la unidad china tuvo que buscar proveedores locales para cubrir parte de su producción para 2026. En otras palabras. Funcionaban como una filial, pero no eran independientes desde el punto de vista industrial. La rama china dependía de la europea en una parte esencial del proceso.
El resumen de todo esto. China está reclamando públicamente a Países Bajos que “cree condiciones favorables” para resolver la disputa de Nexperia, que empuje a la empresa a retomar las conversaciones con la parte china y que deje de interferir administrativamente en el conflicto. En la práctica, Pekín busca que la rama china vuelva a operar sin bloqueos y que la cadena de suministro recupere cierta normalidad. De fondo, además, la parte china sigue defendiendo la restauración del control de Wingtech sobre Nexperia, por lo que el conflicto no es solo industrial, sino también societario y político.
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