Lo avisamos, dijimos que la posibilidad era muy alta, y ya está encima de la mesa. La apertura parcial de Estados Unidos para que NVIDIA y AMD vendan ciertas GPU a China ha sido respondida por Pekín con un golpe seco: presión directa a sus empresas y organismos gubernamentales para que no las compren. No es un consejo ni una recomendación, es una orden velada disfrazada de preocupación por la “seguridad nacional” a modo de boicot interno de China hacia EE.UU., NVIDIA y AMD para con sus GPU de IA.
En cuestión de días, ministerios y organismos chinos han enviado instrucciones a empresas estatales y privadas advirtiendo contra el uso de las GPU H20 de NVIDIA, especialmente en cualquier proyecto relacionado con el gobierno o sectores estratégicos. El mensaje es inequívoco: si trabajas para el Estado, olvídate de ese hardware, aunque sea clave para tu capacidad de cálculo.
Y la campaña no se limita a NVIDIA. También se extiende a aceleradores Instinct de AMD, con alusiones implícitas a modelos como el MI308. Este doble bloqueo interno llega justo después de que ambas compañías recibieran luz verde de Washington para exportar chips de IA de gama recortada, con la polémica condición de pagar un porcentaje de las ventas al gobierno estadounidense. En otras palabras, Pekín está cortando el negocio antes incluso de que arranque.
La excusa oficial es la misma que China repite desde hace algunas semanas: que estos chips podrían incluir “puertas traseras” que pongan en riesgo sus sistemas. Una acusación que, pese a repetirse de forma insistente, nunca ha sido respaldada con pruebas concretas. Sin embargo, se ha convertido en la justificación perfecta para empujar a las empresas chinas hacia alternativas nacionales como Huawei o Biren, aunque estén lejos de alcanzar el rendimiento de los modelos de NVIDIA o AMD.
La maniobra es, en el fondo, un ejercicio de control político y económico. Pekín sabe que sus centros de datos y laboratorios de IA dependen en gran medida de GPU extranjeras, y que un corte de suministro real podría frenar proyectos enteros nacionales.
Prefiere arriesgarse a esa pérdida de competitividad si con ello logra debilitar el peso de la tecnología estadounidense dentro de su infraestructura crítica, es, a fin de cuentas, un doble juego, un doble golpe a modo de boicot suave que China lanza bajo cuerda contra EE.UU. y las GPU de IA de NVIDIA y AMD.
El riesgo para las empresas chinas es evidente: quedarse atrás en la carrera de la Inteligencia Artificial mientras el resto del mundo avanza con hardware más potente y software optimizado. A cambio, Pekín gana la narrativa de que está protegiendo la soberanía tecnológica, aunque sea a costa de sacrificar la capacidad de sus propios actores. Es lo mismo que EE.UU. hizo con Huawei, pero con otros modales, de forma más discreta.
Lo que se juega aquí es quién controla las reglas del juego. Y en este pulso, China está dejando claro que prefiere asfixiar el uso de tecnología extranjera antes que depender de un rival al que considera una amenaza estratégica, incluso si eso significa poner piedras en su propio camino. Ahora habrá que ver, tras todo lo que ha liado Trump, cómo responde EE.UU. y las cuentas del próximo trimestre de AMD y NVIDIA, porque si pierden gran parte de las ventas de GPU para IA en el país asiático, la burbuja de la Inteligencia Artificial podría frenarse en seco.
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